Jorge de Lima
Río de Janeiro, Brasil, 1898 /1954
El nombre de la musa
No te nombro Eva,
no te doy ningún nombre de mujer nacida,
ni de hada, ni de diosa, ni de musa,ni de sibila,
ni de tierras
ni de astros ni de flores.
Pero te nombro la que descendió de la luna para
causar las mareas
e influir en las costas oscilantes.
Cuando veo los enormes campos de verbenas
agitando las corolas,
sé que no es el viento que juguetea sino tu que
pasas con los cabellos sueltos.
Gusto contemplarte en los cardúmenes de medusas
que van hacia los mares boreales,
o en las bandadas de gaviotas y de pájaros de los polos
revolando sobre las tierras heladas.
No te nombro Eva,
no te doy ningún nombre de mujer nacida.
Tu nombre debe estar en los labios de los niños
que nacieron mudos,
en las arenas movedizas y silenciosas que fueron
ya fondo de mar,
en el aire lavado que sucede a las grandes borrascas
en la palabra de los anacoretas que te vieron soñando
y murieron al despertar,
en el zig zag que los rayos describen y que nadie nunca leyó.
En todos esos movimientos no hay más que sílabas de tu
nombre secular
que cosas primitivas escucharon y no trasmitieron a las
edades.
Esperemos, amigo, que cosechas gratuitas nazcan de nuevo,
y los animales de la creación se reconcilien bajo el mismo
arcoiris:
estonces oirán el nombre
de la que no nombro Eva
ni le doy ningún nombre de mujer nacida.
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